Alto impacto emocional

El 24 de junio de 2017 un grupo de jugadoras disputaron un partido de fútbol en el volcán Kilimanjaro, en Tanzania.

Generó una acción de alto impacto para concientizar sobre la equidad de género y sobre la discriminación hacia las mujeres, no sólo en el deporte, sino en muchos otros aspectos de la vida.

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Mostrarle al mundo entero que juntas, todo era posible. Ese fue el propósito del partido de fútbol que 27 jugadoras de distintos países disputaron durante 90 minutos en el volcán Kilimanjaro, en Tanzania, en un cráter ubicado a 5729 metros de altura, logrando un récord mundial Guinness.

La argentina Josefina Martorell, de 34 años, activista por los derechos de las mujeres y deportista, fue invitada a participar de esta iniciativa organizada por Equal Playing Field. Buscó visibilizar la inequidad de género en el fútbol, y mostrar que las mujeres juntas podemos lograr cualquier desafío que nos propongamos, dijo la joven desde Tanzania en aquel momento.

El ascenso al Kilimanjaro comenzó el 18 de junio y el 24 se jugó el partido, a unos 150 metros de la cima. La impulsora del proyecto fue la jugadora inglesa Laura Youngson. Estaba cansada de que a las mujeres les dijeran no a la posibilidad de jugar al fútbol en muchos lugares del mundo; y decidió hacer algo que nadie hubiese hecho antes: jugar el partido en la mayor altitud de la historia, en un lugar inhóspito en el que fuera posible armar una cancha.

El sitio elegido también tuvo un significado especial: África, es uno de los continentes más desiguales en cuestiones de género. Martorell explica que tanto la cancha (en un volcán inactivo del Kilimanjaro) como los arcos, tenía las medias reglamentarias. Estas fueron marcadas con harina, para proteger el medio ambiente del pico más alto de África, que es un Parque Nacional y Patrimonio de la Humanidad. “Fuimos 60 las personas que subimos, entre equipo médico, encargados de logística, periodistas y réferis”, relató. “Había jugadoras amateurs, como yo, y profesionales. Entre ellas, chicas que jugaron o juegan en las selecciones de países como Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Suecia, Jordania y Arabia Saudita”. Ella y una joven mexicana fueron las únicas latinoamericanas.

El ascenso al Kilimanjaro duró una semana. “Nos dividieron en cinco grupos de 12 personas; cada uno tenía un guía y cinco ayudantes que nos indicaban para dónde ir y marcaban el paso de la subida, más porteadores que llevaban las carpa, bolsas de dormir, y las cosas de más peso”, contó Josefina.

“Cada día fue progresivamente más difícil: a medida que subís te falta más el aire. La mayor dificultad fue el ascenso final. El 23 de junio nos fuimos a dormir a las seis de la tarde y el 24 nos levantamos a las tres de la mañana, en plena noche, con mucho frío. Empezamos a subir muy de a poquito los últimos mil metros hasta donde habían preparado la cancha”, añadió.

El partido comenzó a las 10.30. “Antes de entrar a la cancha, nos midieron el oxígeno y las pulsaciones. Hacía mucho frío y, para seguir las reglamentaciones de la FIFA, no podíamos usar mediar largas o calzas”, cuenta.

“A eso se le sumó otra dificultad: La cancha era de lava, como arena negra: es como jugar un partido en la playa de Mar del Plata, pero a casi 6000 metros de altura. Y eso se notó: aunque todas teníamos muy buen estado físico tardábamos mucho en recuperarnos después de un pique. No se pudo hacer ningún gol porque cuando llegabas al arco y le pegabas a la pelota, iba para cualquier lado”, aseguró.

Pero la falta de goles fue, para las protagonistas, lo de menos. “Resultó el desafío físico más grande que tuve en mi vida. Pero también el más gratificante. Todos llorábamos cuando llegamos al cráter y cuando terminamos el partido también”, admitió Josefina.

Al finalizar aquel partido, las jugadoras ascendieron hasta la cumbre del Kilimanjaro, a unos 5891 metros de altura. Esos 160 metros finales les llevaron unas dos horas. “Paraba cada dos minutos. Llegar fue volver a llorar y emocionarse. Fueron nueve días en que me desconecté de todo, estaba muy involucrada con lo que estaba haciendo”, narró emocionada.

Fuente: La Nación

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